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Cristales Mágicos – Azabache

Posteado el : 24-04-2010 | Por : Magonia | En : Minerales Mágicos

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Muy contrario a lo que se piensa, los amuletos contra el mal de ojo elaborados de la piedra azabache, no provienen de Africa sino de España, posiblemente, de alguna de las tres provincias que mas los utilizan como son Asturias, Galicia y León.

Sin embargo, en Galicia se encuentra mas desarrollada la artesanía del azabache y su entorno mítico.

El azabache es uno de los materiales más popularmente empleado en la joyería gallega, e igualmente una de las piezas preferiblemente elaboradas con él, concretamente la “higa” o “figa”, nombres todos ellos identificadores del mismo objeto. El azabache es en su estado natural una variedad de lignito de color negro brillante, suave al tacto, ligero de peso, que se talla como las piedras preciosas; las piedras con el elaboradas gozan de gran difusión por toda la Península Ibérica, si bien sus focos originarios habría que buscarlos en el noroeste peninsular y en la cornisa Cantábrica, utilizándose con profusión en la indumentaria popular desde la desembocadura del Miño hasta la frontera del Bidasoa con Francia.

También ha sido utilizado tradicionalmente en el norte peninsular por sus propiedades protectoras contra el mal de ojo y otros males. Es elemento preferido en la realización de veneras, cuentas y diversos tipos de colgantes y amuletos, entre ellos la popular “figa”.

Galicia, Asturias y León destacan en importancia tanto en su utilización habitual en piezas de adorno personal, como en su elaboración.

Puede considerarse como una industria relevante desde la Edad Media, y ha sido valorado en un doble aspecto; por su belleza ornamental y por las virtudes mágicas que se le atribuyen. En Galicia el azabache es un elemento habitual; se adorna el manteo con terciopelo negro y azabache. Se trabaja en Santiago desde la Edad Media, localizándose en esta ciudad los talleres más importantes, y tenían entre los peregrinos sus principales clientes, pudiendo dar idea de la importancia que llegó a adquirir esta actividad en la ciudad el que precisamente una de las puertas de la catedral compostelana tomó el nombre de “La azabachería”, con el que sigue conociéndose en la actualidad.

Se monopolizó tal industria en la ciudad jacobea a fines del siglo XV, su elaboración y comercialización, iniciándose un tipo de obra que alcanza un gran desarrollo durante los siglos XVI y XVII. Todavía, hoy en día, en la Plaza de las Azabacherías se encuentran muchas joyerías con exquisitas joyas elaboradas en plata y azabache.

Al azabache siempre se le adjudicaron propiedades terapéuticas y mágicas. Como sustancia es el mayor preservativo, se enciende con agua y se apaga con aceite; ahuyenta la mirada del basilisco y recrea las sofocaciones y ahogamientos de la madre. En sahumerios da a conocer la gota coral y la virginidad; cocido en vino cura los males de los dientes y lamparones. Los amuletos en forma de mano (“figa” o “higa”) tienen una antigua tradición entre las gentes del Mediterráneo; en Italia se conoce desde la Edad de Hierro la denominada “mano cornuta”; entre los pueblos orientales tiene mayor tradición la mano abierta de bronce.

Papel protagonista cobran en territorio hispano las denominadas “figas” y “manos de Fátima”, tanto en sus representaciones genuinas como en esquematizaciones de las mismas utilizadas en todo tipo de colgantes y adornos, siendo la “figa” de azabache genuinamente hispana. En los inventarios de los azabacheros compostelanos en 1538 se asientan como “manos de azabache” y en 1546 como “figas”.

Hacer la “higa” era un gesto de carácter injurioso que implicaba una acción nociva a distancia hacia aquel al que iba dirigido, quedando anulados los efectos si se portaba el antídoto correspondiente, que consistía precisamente en una reproducción de dicho gesto en azabache.

Especialmente temidos popularmente son los aojamientos o mal de ojo; en relación con ellos el al que se le atribuyen virtudes profilácticas privilegiadas es la “higa”, extendido por toda la geografía hispana, utilizándose en su elaboración preferentemente el azabache y el coral.

En nuestra América hispana y portuguesa igualmente se encuentra difundida la tradición con iguales connotaciones y características que en España.

Variedad del lignito (carbón de piedra) muy compacta procedente de la carbonización de grandes plantas vegetales que han permanecido unos 60 millones de años a gran presión y sin contacto con el aire. Se trata de una piedra sedosa al tacto que arde y se electriza fácil y rápidamente.

Su nombre actual procede del árabe “az-zabág” que derivó al castellano “azabaje” y posteriormente “azabache”. Desde el árabe pasó al gallego con el nombre de “acebiche” y “acibeche”, al aragonés con “azabaya”, al asturiano con “azebache” y al catalán como “átzabeja” y “açabais”.

Desde muy antiguo filósofos, científicos, médicos, magos y curanderos, como Aristóteles, Dioscórides, Plinio, Santo Tomás de Aquino y San Isidoro de Sevilla atribuían al azabache propiedades terapéuticas (cura las cataratas, las infecciones del ojo y de las muelas) y mágicas (entre las que destacan el señalar la presencia del demonio y la virginidad) prevenir contra el mal de ojo, las falsas alabanzas, las maldiciones y las malas lenguas y adivinar el futuro).

De color negro, las ralladuras son de color pardo oscuro y suele tener impurezas de otros materiales como la pirita.

Tiene una dureza de 2,5 a 4 (escala de Mohs) y un peso específico entre 1,3 y 1,35. Es una piedra elaborada y pulimentada con un fantástico brillo aterciopelado. Su fractura es concoidea.

Parece que el uso del azabache ya era frecuente en el paleolítico superior. Egipcios, prerromanos, etruscos y cartagineses también utilizaban esta piedra con la que realizaban fundamentalmente adornos y abalorios, botones de trajes de ceremonias y fiestas, una joyería muy típica en la que se encontraban como piezas básicas los camafeos y tallas de pequeñas figuras y esculturas.

En la Edad de Piedra fue muy usado en centro Europa y especialmente en Alemania y Francia, de donde pasó a Inglaterra. En España se conserva una pieza única en un museo de Ibiza. En la civilización castreña del sur de Galicia se han encontrado abundantes piezas procedentes de los siglos IV a I a.C.

En Santiago de Compostela se desarrolló, desde los albores del siglo XI, una especial forma de labrar el azabache que desembocó en una típica joyería de plata que aún hoy perdura. El asentamiento de los artesanos que la trabajaban en un gremio (en 1410 aparece documentada la cofradía de azabacheros) y en un lugar determinado hizo nacer la Azabachería, calle fundamental por donde desde siempre entran los peregrinos para abrazar al Apóstol. Este gremio fue muy reconocido por el cumplimiento de estrictas normas de calidad, por la excelencia del material utilizado y por la maestría de su trabajo. Actualmente son muchos los artesanos que aún lo siguen trabajando.

Durante siglos, los papas prohibieron la venta y la bendición de piezas elaboradas con azabache fuera de Santiago de Compostela, por lo que su comercialización quedaba restringida a esta ciudad y más concretamente a esta calle. A este hecho se sumaron también las guerras, enfermedades y hambrunas habidas a partir del siglo XIII y las duras condiciones que encontraron los peregrinos en su viaje a Compostela, impuestas por las leyes y controles de Felipe II, lo que provocó que las peregrinaciones a la ciudad mermaran considerablemente y el uso del azabache disminuyese en gran medida.

Mientras en España el uso del azabache tenía razones mágicas, religiosas o sentimentales, en Inglaterra se le dio un sentido más frívolo, sobre todo a partir del siglo XVIII: era labrado utilizando los símbolos de siempre: la paloma, el nudo infinito, la serpiente, la mano extendida, las manos juntas, la serpiente, Cupido y las manos juntas, pero también en forma de botones, abalorios, elementos de ornamentación para los vestidos y la composición de joyería, especialmente para guardar luto. Al ser un material muy ligero, se hacían largos pendientes con piezas finamente talladas, que en ocasiones se combinaban con nácar.

Durante el siglo XIX, con la extracción de mineral en los acantilados de Yorkshire y Whitby, isu utilización como elemento para el luto se vio ampliamente impulsada. La reina Isabel I de Inglaterra volvió a ponerlo de moda ya que, después de enviudar usó, durante 40 años, ropajes adornados con elementos de azabache. En 1861 muere el príncipe Alberto: la corte de la reina Victoria obliga a un estricto protocolo de luto haciéndose indispensable, de esta forma, el uso del azabache.

En 1870 ya se contabilizaban en Inglaterra casi 1500 personas trabajando este mineral de una forma que recuerda el sistema de fabricación en serie. Torneadores, montadores de collares, pulidores, talladores, escultores, grabadores y joyeros eran algunos de los oficios en auge. Diez años más tarde los ingleses, aburridos de tanto luto, comienzan a abandonar el color negro, produciéndose con ello el declive en el uso del negro mineral.

Desde principios del siglo XX artesanos compostelanos, especialmente D. Enrique Mayer, vuelven a ponerlo de moda aplicándolo a su típica joyería de plata con azabache, en la que se respeta y al mismo tiempo actualiza los diseños tradicionales. Se comienza a mezclarlo tímidamente con coral y turquesa y se inicia la aplicación de pequeños adornos de oro al conjunto de plata. Los particulares diseños hace que muchos de los visitantes que acuden a Santiago de Compostela se lleven como recuerdo una de esas típicas piezas de joyería que tanta admiración despierta en otros lugares.

El tradicional en azabache, desde la época de los romanos, era la “higa” (o “figa”, como se denominaba en gallego). con forma de puño cerrado con el dedo pulgar colocado entre el dedo índice y el dedo mayor. Existen documentos árabes que hablan de las figas de azabache que se le colgaban a los niños al cuello para librarlos del mal de ojo, algunas con forma de mano abierta. En el siglo XIII los reyes y nobles la utilizaban a diario, estando su uso totalmente prohibido a los moriscos. Santa Teresa decía que “le afligía que su confesor le obligara a utilizar la higa”.

Desde siempre los yacimientos de azabache más importantes son los de Asturias, los cuales parece ser que se explotan desde poco antes de Jesucristo, aunque parece ser que los mejores yacimientos asturianos de La Marina, Villaviciosa, Villaverde, Careñes y Oles, parecen agotados. El último minero, Tomás Noval, dejó la mina ya muy mayor y ahora solo esporádicos siguen arrancando con mucha dificultad los últimos pedazos de mineral. Resulta muy difícil encontrar ejemplares de mineral lo suficientemente grandes y puros como para hacer figuras de buena calidad.

Encontramos más yacimientos de azabache en Teruel, Portugal, Italia, Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, Canadá, Estados Unidos y Venezuela.